SINOPSIS
HISTÓRICA DEL EL ESTADO DE CHIHUAHUA.
Pobladores prehispánicos:
Los habitantes originales
de Chihuahua pertenecían a diferentes grupos indígenas nómadas y seminómadas
como son tepehuanes, tarahumaras, guarijios, tobosos, pimas, jumiles, salineros,
conchos, sumas-jumanos, chinarras, chisos, tapacolmes, entre otros. Que, a
diferencia de los pobladores del sur de la Nueva España, ofrecieron violenta
resistencia ante el avance de los europeos, que buscaban ocupar estos
territorios para obtener riquezas, despojándolos además de sus formas de
organización, cultura y religión.
En la zona noroeste,
actual municipio de Casas Grandes, están las ruinas arqueológicas de Paquimé
y en el municipio de Madera existen varios lugares entre los que está, también,
el de "las 40 Casas" en la cueva del Garabato. Esta zona arqueológica
distribuida en una superficie de 50 hectáreas, se ha considerado la más
importante descubierta en el norte de la república. Se han explorado
aproximadamente dos terceras partes encontrándose restos de edificios
habitacionales que debieron ser de varios pisos y otros ceremoniales, con
semejanza a las ruinas de las culturas desérticas Anasazi, Hohokam y Mogollón
en el suroeste de los Estados Unidos.
Existen varias hipótesis
sobre la identidad de los primeros pobladores de Paquimé, una de ellas señala
este lugar como asiento de los aztecas en su peregrinar hacia el sur, sugiriendo
que el Valle de Piedras Verdes cercano al poblado de Casas Grandes, es el famoso
Valle de Aztlán. Entre los objetos de metal se encontraron pendientes que a la
vez funcionan como cascabel elaborados con gran semejanza a otros descubiertos
en el área mesoamericana y que cronológicamente se sitúan en el horizonte
tolteca, que fue el de mayor desarrollo en lo que se refiere a metalurgia. El 5
de marzo de 1999, la UNESCO declaró a Paquimé "Patrimonio de la
Humanidad" como parte del proyecto "Camino Real" que le presentó
el gobierno del estado de Chihuahua.
Conquista:
El virrey Luis de Velasco
otorgó al expedicionario Francisco de Ibarra el nombramiento de gobernador y
capitán general de las tierras y gente que pusiera bajo el dominio de España,
en julio de 1562, surgiendo así el reino de la Nueva Vizcaya, que comprendía
los actuales estados de Chihuahua, Durango, parte de Coahuila y Nuevo México,
bajo jurisdicción de la Audiencia de Guadalajara en sus asuntos judiciales.
Esta jurisdicción cesó sobre el estado de Chihuahua, el 14 de septiembre de
1823.
Rodrigo de Río de Loza,
integrante de la expedición de Ibarra, siguiendo instrucciones del propio
gobernador procedió, en 1567, a poblar la zona conocida desde entonces como de
los "conchos". Fundó la villa de Santa Bárbara, en razón de la
plata que encontraron en las sierras de los alrededores, culminando con ello la
fase de exploraciones encabezadas por Ibarra, que se realizaron sin participación
económica de la Corona que se limitó a autorizarlas y a formalizar el
surgimiento de la nueva provincia.
Esta empresa, realmente
privada, tuvo varias repercusiones. Una de ellas fue la apertura de la ruta que
aún en nuestros días es decisiva, pues une al estado con Durango, Zacatecas y
la ciudad de México.
Santa Bárbara está en
una parte del territorio de los tepehuanes, indígenas que practicaban la
agricultura y, quizá, el grupo más agresivo del área que mantenía constantes
conflictos con tarahumaras y dominaba a los acaxees, a quienes cobraban tributos
de maíz y frijol. Con una compleja vida ritual y ceremonial, los tepehuanes
practicaban la poligamia y, al parecer, el canibalismo.
Hay indicios de que este
grupo huyó poco después de la fundación de Santa Bárbara.
Hacia el norte de este
asentamiento español, cerca de los ríos que más tarde serían llamados
Conchos, San Pedro y Florido, los conchos habitaban en pequeños grupos
dedicados principalmente a la recolección, la caza, la pesca y la agricultura,
y se extendían hasta la confluencia de los ríos que se llamarían Bravo y
Conchos y hasta un punto no muy lejano de las ruinas de Paquimé, sobre los ríos
que se llamarían Santa María y El Carmen., fundándose, en esta ruta, las
misiones de San Buenaventura de Atotonilco (actual villa López) y San Francisco
de Conchos.
Al sur de Santa Bárbara,
por el camino a Durango, estaba la frontera entre los tepehuanes con los tobosos
y los salineros. Se conoce poca información sobre su forma básica de
subsistencia, pero los datos de que se dispone marcan un gran contraste entre
ellos y los tarahumaras y tepehuanes, cuya agricultura estaba más consolidada.
Hacia el noroeste, el
macizo montañoso que se conocería como Sierra Madre Occidental, se hallaba el
territorio de los tarahumaras, grupo sedentario y agrícola, también dedicado a
la recolección y la cacería, aunque cambiaban residencia para aprovechar los
recursos de los dos medios naturales principales: las serranías y las
barrancas. Esta etnia carecía de estructura política centralizada, aunque en
tiempos de guerra se agrupaban varias rancherías.
Antes de la llegada de
los españoles, los tarahumaras sostenían repetidos enfrentamientos con sus
vecinos tepehuanes y con otros grupos, como los tubares, témoris, chínipas y
guazaparis, pero también se establecían alianzas que, a veces, se reforzaban
con vínculos matrimoniales entre grupos distintos.
En la zona oeste del
estado, la llegada de los conquistadores se manifestó en la sierra de Chínipas,
explorada desde 1588 por órdenes del capitán Bartolomé Mondragón, alcalde
mayor de Sinaloa. Por esta vía llegaron españoles hasta la ranchería de
Cuiteco, en 1601, Fue en la segunda decena del siglo XVII, cuando los jesuitas
iniciaron la evangelización en la región de Chínipas.
En 1640, el inusitado
auge de las minas de Parral, se refleja en el crecimiento poblacional que para
1683 ya sumaba 6,000 españoles en la región.
En 1658 el minero español
Francisco Molina descubre la primera veta de San Francisco del Oro y en la última
década del siglo XVII se descubrieron las de Urique y Cusihuiriachi.
Colonización:
La población autóctona
no aceptó pacíficamente el asentamiento de los españoles en su territorio y
durante los siglos XVII y XVIII protagonizaron innumerables levantamientos
armados, originando la resolución de la Corona de construir resguardos
militares (presidios) en Paso del Norte en 1683, en San Francisco de Conchos en
1685 y el de Janos en 1686, además de otros en años posteriores. La villa de
Aguilar fue fundada en julio de 1649 por el gobernador de Nueva Vizcaya, Diego
Guajardo y Fajardo, en el fértil valle del Papigochi, Esta villa militar fue
destruida por los tarahumaras, el 3 de marzo de 1652, durante la rebelión que
encabezó don Gabriel Teporame y que sofocó el propio gobernador Guajardo con
la captura de este cabecilla y su condena a la horca el 4 de marzo de 1653.
A este proceso de
colonización se sumó la participación de los misioneros franciscanos desde
1554, y de los jesuitas desde el siglo XVII, quienes implantaron nuevas formas
de organización social y religiosa, capacitando a los indígenas para las
labores de minería y de las haciendas, además de enseñarles el español. La
zona de influencia de estos misioneros estaba bien definida, no por división
geográfica sino basada en un criterio cultural. A los franciscanos les
correspondía atender a los indios conchos y los grupos del desierto de la porción
este y los jesuitas se encargaban de tarahumaras, tepehuanes y otros grupos del
suroriente.
En 1574, la ocupación
española de Santa Bárbara ganó fuerza con la creación de un convento
franciscano en San Bartolomé (actual Valle de Allende), zona fértil regada por
un río que más tarde llevaría el nombre del pueblo. Algunos vecinos de Santa
Bárbara recibieron ahí, tierra y agua para sembrar trigo y frutales. El
fundador Fray Alonso de Oliva, había empezado a trabajar con los conchos por lo
menos desde 1595 y con ellos viviría casi veinticinco años, intentando su
asentamiento fijo en la misión.
Los jesuitas fundaron su
primera misión en San Pablo (actual Balleza) en 1611. Su fundador el padre Joan
Font llegó a Santa Bárbara en 1604. Hacia 1760, las misiones jesuitas entre
los tarahumaras estaban organizadas en dos provincias que comprendían 73
pueblos organizados en 28 partidos: la de la Tarahumara Alta que incluía
solamente tarahumaras a excepción de Tutuaca que también tenía pimas; y la de
Chínipas que tenía tarahumaras, pimas, tubares, guarijíos, entre otros
grupos.
En 1659 los franciscanos
fundaron la misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Paso del Río del Norte,
y en 1660 la de Casas Grandes, con el tiempo las dos ganarían fama por la
cantidad y calidad de sus producciones agrícolas. Entre 1660 y 1668 nacieron
las misiones de Bachíniva, Namiquipa, Babonoyava y Santa Isabel. En los años
de 1674 y 1676 los jesuitas fundaron las misiones de San Bernabé, Carichí,
Nonoava, Coyachi y Cerro Prieto y repoblaron las misiones del Papigochi y Chínipas.,
en esta época también se abrió a la explotación económica de los europeos
la zona de la Bavícora que fue aprovechada por las misiones jesuitas.
Las misiones pronto
adquirieron gran importancia, no sólo como centros de evangelización sino
también como lugares de reclutamiento de mano de obra para los estancieros y
mineros españoles. Para algunos sectores del gobierno, esta práctica ofrecía
la ventaja de disminuir las cacerías de indios y mejorar la convivencia entre
indígenas y españoles.
A pesar de que la
explotación minera de Santa Bárbara y, en 1591, de las cercanas minas de San
Juan y de Todos Santos, no ofrecía la riqueza que los españoles esperaban, los
indios de México y Michoacán que formaron parte de la expedición de Ibarra,
así como los esclavos negros que trajeron posteriormente, no bastaban para
satisfacer la demanda de trabajadores.
Para garantizar esa
fuerza de trabajo, los españoles recurrían a métodos como: la captura de
indios, la encomienda y el repartimiento. El más común en Santa Bárbara, en
el siglo XVI, era el de la caza de indios, lo que propició su huida hacia la
sierra y otros lugares. Es importante señalar que también hubo indios que
decidieron acomodarse por su cuenta y riesgo en los establecimientos españoles
ya que, aunque por un lado tenían que renunciar a algunas de sus costumbres,
por otro, la misión también les ofrecía ventajas, como una cierta seguridad
alimentaria y el consumo de algunos productos españoles.
A finales del siglo XVI,
los españoles emprendieron un importante avance hacia el norte, gracias al
interés de Juan de Oñate que obtuvo concesión de la Corona para conquistar
nuevos territorios. En Santa Bárbara permaneció dos años preparando su
expedición que fue financiada por él y otros particulares, similar a la de
Francisco de Ibarra, y el 30 de abril de 1598 Oñate tomaba posesión de la
provincia de Nuevo México, abriendo así un camino que sería muy utilizado en
los siguientes siglos en el tráfico a Santa Fe y fundamental para la conformación
del espacio que más tarde se conocería como Chihuahua.
El descubrimiento minero
del real de minas de Santa Rosa de Cusihuiriachi, en 1687, atrajo gran número
de pobladores y en 1688 el gobernador de Nueva Vizcaya autorizó la creación de
una alcaldía mayor que tendría a su cargo los asuntos de toda la Alta
Tarahumara y convirtió al lugar en un importante punto de avanzada de la
ocupación española en pleno territorio tarahumara.
El violento siglo XVII
llegaba a su fin con tres cambios sociales sobresalientes: 1) la extinción de
los conchos, 2) el movimiento de los tarahumaras hacia las partes altas de la
sierra, y 3) el arribo de los apaches, que comenzaron a ocupar el espacio dejado
por aquellas tribus.
El primer denuncio minero
en Santa Eulalia, en febrero de 1707, inició el poblamiento de la porción
centro-norteña de la Nueva Vizcaya, propiciando que el gobernador nombrara al
capitán del presidio de San Francisco de Conchos, Juan Fernández de Retana,
como primer alcalde mayor de Santa Eulalia.
Algunos pobladores
consideraban necesario fundar el poblado fuera del nuevo mineral, en un lugar
con mayor cantidad de agua y mejores condiciones, y otros, deseaban que se
construyera ahí mismo. Don Antonio Deza y Ulloa, gobernador de Nueva Vizcaya,
visitó el mineral en 1709 y ante la división de opiniones que existía entre
los vecinos, convocó a militares, mineros y vecinos principales para resolver
dicha situación, de esta reunión resultó un empate que resolvió Deza y
Ulloa, después de inspeccionar los dos lugares propuestos y con base en las
reales ordenanzas de 1573 que indicaban que los nuevos asentamientos debían
hacerse junto a los ríos, expidiendo un decreto que situaba a la cabecera de la
alcaldía mayor en la junta de los ríos y prohibía a los mineros de Santa
Eulalia erigir construcciones sólidas en ese lugar, salvo una iglesia cómoda.
De esta manera, el 12 de
octubre de 1709 nació la ciudad de Chihuahua, que originalmente se llamó San
Francisco de Cuéllar y más tarde San Felipe El Real de Chihuahua. Aunque esta
decisión creó en realidad dos poblaciones, por lo menos durante el siglo XVIII
hay que referirse a ellas como Chihuahua-Santa Eulalia ya que su desarrollo
estuvo fuertemente ligado.
A partir de este hecho el
eje espacial de este territorio, el distrito minero de Parral al sur, la misión
de Casas Grandes y el presidio de Janos al norte, se "movió" hacia el
oriente con el paso obligado por Chihuahua.
En 1717 se nombró a San
Francisco como santo patrón de Chihuahua, con lo cual el 4 de octubre, tendría
una importancia duradera; todavía en la actualidad el gobernador del estado
toma posesión en esa fecha.
Hacia la tercera década
del siglo XIX, la capital del actual Estado Libre y Soberano de Chihuahua había
mejorado su situación, ya tenía imprentas, una Casa de Estudios Superiores y
una Casa de Moneda que recibía el metal de los recientes descubrimientos
mineros de Guadalupe y Calvo y de Jesús María, además del cobre que se traía
de las minas de Santa Rita del Cobre. También, la agricultura y la ganadería
habían adquirido cierto incremento, propiciando el asentamiento de gran número
de artesanos; esta diversidad de oficios muestra la importancia comercial
alcanzada. El movimiento demográfico y económico favoreció la apertura de áreas
de cultivo en los caminos a Casas Grandes y a La Junta de los Ríos.
La integración comercial
de diversas áreas ocupadas por los españoles en anteriores momentos de la
historia, fue la base que más tarde conformaría el estado de Chihuahua.
Apaches:
En la Nueva Vizcaya hubo
relativa paz en los años que van de 1700 a 1750, de convivencia más o menos
pacífica entre indios y españoles, que fue alterada por la emigración hacia
estas tierras de los grupos apaches, originales habitantes de las praderas de
Nuevo México.
La reuniones de
tarahumaras gentiles, o huidos de las misiones, con los apaches recién
llegados, constituyeron temida amenaza para los militares españoles, ya que los
primeros conocían mucho mejor el terreno.
Entre 1751 y 1753 los
apaches cometieron robos de ganado en las haciendas cercanas a la villa de
Chihuahua. Otra zona frecuentemente atacada era la cercana a Cusihuiriachi y el
presidio de Janos se hallaba en plena zona de guerra, por lo que el obispo de
Durango, Tamarón y Romeral, en solicitud de ayuda para su jurisdicción escribía
a Madrid que "..toda aquella tierra está inundada de indios enemigos,
se han despoblado haciendas y pueblos porque éstos los arruinaron, a cada paso
se encuentran señales de muertes que hicieron".. "..y arruinada que
sea la villa de Chihuahua, toda la Vizcaya corre gran riesgo.." tan
grave era la situación que también pedía la creación de dos presidios más y
el envío de tres o cuatro mil hombres para su defensa.
Los ataques de los nómadas
se intensificaron en las siguientes décadas y se decía, en 1771, que desde
1748 habían muerto cuatro mil personas y que los daños ocasionados ascendían
a 12 millones de pesos.
España planeó un
gigantesco esfuerzo para la expansión de sus dominios quizá hasta la altura
del actual San Francisco, California. Para ello era necesario controlar la
guerra contra las tribus rebeldes y promover el desarrollo económico,
principalmente el de la minería. Como resultado de ello, en 1776 nacía por
orden del rey Carlos III la Comandancia General de las Provincias Internas
(Nueva Vizcaya, Nuevo México, Coahuila, Texas, las Californias, Sonora y
Sinaloa) que tendría su sede en Arizpe; su primer comandante, Teodoro de Croix,
llegó a Chihuahua en marzo de 1778 y permaneció ahí hasta septiembre de 1779.
La presión militar de
los españoles obligó, a algunas partidas apaches, a solicitar la paz en el otoño
de 1779 con los mezcaleros encabezados por el jefe Patule. Estos pactos eran
vistos con desconfianza por los españoles, pues ya se habían dado casos en que
los nómadas sólo los firmaban para poder dedicarse a combatir a los comanches,
o para atacar otra región.
En este período de
calma, De Croix aprobó la fundación de una fábrica de textiles que utilizaba
la mano de obra de los presos, y se concesionó a los señores Martín de Mariñelarena
y Manuel de Urquidi. Otro obraje se abrió en la hacienda de Encinillas, iniciándose
así la manufactura de productos textiles a mayor escala.
En Chihuahua, la guerra
retornó a mediados de 1831, cuando una partida de comanches mató a dos
capitanes cerca del río Bravo, estos indígenas fueron reprimidos pero
respondieron con una insurrección general a la que se sumaron poco después
diversas partidas apaches. Este brote de violencia se originó en la decisión
del coronel José Joaquín Calvo, comandante militar, de suspender las raciones
y subsidios a los indios pacificados.
En octubre de 1831 el
coronel Calvo declaró formalmente el estado de guerra contra los nómadas y en
enero de 1832 los apaches "alzados" continuaban asolando el estado,
por lo que el gobernador del estado obtuvo facultades extraordinarias para hacer
frente a esta amenazas y se tomaron medidas para organizar y armar a los
vecinos.
A partir de 1834 comenzó
a ser común la solicitud pecuniaria a particulares, ya que el gobierno local
carecía de fondos para las campañas militares y las divisiones que enfrentaba
el gobierno general le impedían apoyar a los gobiernos estatales en su lucha
contra los "bárbaros". Esto condujo a un resentimiento de la población
local contra el gobierno central y en diciembre de 1834 un periódico
chihuahuense, El Fanal, pedía la anexión a los Estados Unidos para obtener
protección ya que no tenía sentido, según ese mismo periódico, seguir
vinculado a una federación incapaz de aliviar el sufrimiento local.
Chihuahua se unió a las
iniciativas de otros estados para formar coaliciones contra los nómadas, estas
coaliciones fueron bien vistas por el gobierno general aunque más tarde,
diciembre de 1852, el Senado de la república las prohibió por el temor de
fragmentaciones y poderes militares paralelos.
El coronel Joaquín
Terrazas, jefe de armas locales, logró acorralar al indio Victorio en la famosa
batalla de Tres Castillos (14 de octubre de 1880) y lo enfrentó en duelo con el
tarahumara Mauricio Corredor, capitán de voluntarios de Arisiachi. A partir de
esta derrota apache y muerte de su líder, declinaron los ataques de los nómadas
aunque todavía cobraron algunas víctimas, entre ellas la del mayor Juan Mata
Ortiz, quemado vivo en noviembre de 1882 por el capitancillo Ju, en venganza por
un ataque traicionero.
Mauricio Corredor murió
el 11 de enero de 1886 en un efrentamiento con apaches mansos en la sierra de
Bavis del actual municipio de Madera.
Forma de administración
política:
El 24 de junio de 1767 se
clausuran las misiones jesuitas en la Tarahumara, confiscándose los bienes de
las misiones y de los naturales de los pueblos de misión, entregándose para su
administración a los misioneros franciscanos. Por otra parte, se nombró un
comandante inspector de presidios militares en las provincias de Nueva Vizcaya,
Nuevo México, Coahuila, Texas y Sonora, quien desde la villa de Chihuahua
organizó las compañías presidiales vitalizando el combate contra los indígenas
sublevados y estableciendo puestos militares en Coyame, San Carlos (Manuel
Benavides), Meoqui y Namiquipa.
El 4 de diciembre de
1786, la Nueva Vizcaya se convierte en una de las doce intendencias que se
dividió la Nueva España, situación que modificó su organización política
interna. Las alcaldías mayores, se cancelaron; las provincias se dividieron en
partidos, administrados por un subdelegado real y por dos alcaldes ordinarios en
los pueblos, elegidos por el ayuntamiento.. En esta época, el general Ugarte y
Loyola otorga provisionalmente, a la villa de Chihuahua, la categoría de
capital de las Provincias Internas.
En 1792 el rey de España,
Carlos III, dejó las provincias internas de Oriente y Occidente bajo el único
mando del general Pedro Nava, gobernador de la Nueva Vizcaya, quien estableció
su capital en la villa de Chihuahua. Tal era el estado de cosas al momento del
movimiento de Independencia. Por ser la villa de Chihuahua, esidencia del
Comandante de las Provincias Internas y por haberse aprehendido (1811) a los
caudillos de este movimiento, dentro de su jurisdicción, se trasladaron a la
villa para juzgarse por una junta de guerra que los condenó a muerte. Los
fusilamientos de Ignacio Allende, Mariano Jiménez, Juan Aldama y Manuel
Santamaría se efectuaron el 26 de junio de 1811 y el de don Miguel Hidalgo y
Costilla, el 30 de julio de ese mismo año.
Una nueva reestructuración
política de la Nueva Vizcaya se dio en 1820. Al jurarse la restablecida
Constitución de Cádiz, treinta pueblos de nuestro actual estado eligieron su
ayuntamiento. En 1823 la Nueva Vizcaya se divide en dos provincias, Durango y
Chihuahua con la villa de Chihuahua por capital, adquiriendo ésta la categoría
de ciudad por ser el centro de más población de la provincia.
El 31 de enero de 1824 el
Acta Constitutiva de la Federación crea el Estado Interno del Norte, integrado
por las provincias de Nuevo México, Durango y Chihuahua, meses después la
provincia de Chihuahua se convierte en un estado de la federación mexicana,
promulgando su primera constitución local el 7 de diciembre de 1825, y
dividiendo su territorio en once partidos y éstos, a su vez, en municipios. En
el orden militar Chihuahua y Nuevo México continuaron unidos.
Chihuahua volvió a
modificar su organización política, durante el régimen centralista que
encabezó el presidente Barragán, convirtiéndose en departamento. En esta época
Nuevo México se separa finalmente de Chihuahua. A este problema tuvo que
agregarse la ocupación de su territorio por parte de los norteamericanos
encabezados por el coronel Alejandro Doniphan (1846), situación que prevaleció
hasta después de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual se
perdió una faja territorial situada al otro lado del río Bravo.
La segunda constitución
política del estado, 7 de diciembre de 1847, dividió el estado en cantones,
conservando esta organización hasta 1853 cuando, por segunda ocasión, perdió
parte de su territorio con el Tratado de La Mesilla. En que las prefecturas
sustituyeron a las jefaturas políticas y, los intendentes, a los presidentes
municipales. El 1 de diciembre de 1855 el gobernador Juan N. De Urquidi
restableció la división por cantones.
En 1858 se expidió la
tercera Constitución Política del estado y durante su vigencia el gobernador
Luis Terrazas publicó la Leyes de Reforma que entraron en vigor en 1861. La
cuarta Constitución local, promulgada el 24 de septiembre de 1887, cambió los
cantones por distritos a cargo de un jefe político, cada uno y, a su vez,
divididos en municipios.
La quinta Constitución
política se promulgó el 29 de mayo de 1921, adoptándose los principios que
rigen la Constitución General de la República de 1917.
Participación en la
guerra de Reforma y en la Revolución.
El estado de Chihuahua
manifestó su adhesión a la guerra de Reforma y el licenciado Benito Juárez,
reconocido desde un principio como presidente interino de la república, llegó
a territorio chihuahuense (villa Coronado) el 29 de septiembre de 1864. De ese
lugar continuó a valle de Allende, Hidalgo del Parral, Camargo y Rosales,
llegando a la capital del estado el 12 de octubre siguiente, convirtiéndose así
la ciudad de Chihuahua en sede de los poderes nacionales, lo que le ocurrió
también a Paso del Norte (ciudad Juárez) tiempo después, cuando prosiguió
hasta allá su peregrinar, al llegar a Chihuahua el ejército imperial.
La huelga en ciudad Juárez,
de los trabajadores del Ferrocarril Central Mexicano, el 26 de septiembre de
1881, la primera huelga de los mineros en Pinos Altos (municipio de Ocampo) el
21 de enero de 1883 y la segunda en 1897; la rebelión de los tomochitecos en
1892 y, en los principios del siglo XX, los brotes de violencia en las ciudades
de Juárez, Casas Grandes y Riva Palacio, derivados de los planteamientos
sociales de los hermanos Flores Magón, fueron el preludio del movimiento
revolucionario en Chihuahua. El estado respondió a la lucha convocada por
Francisco I. Madero en el Plan de San Luis. El 14 de noviembre de 1910, Toribio
Ortega se levantó en armas en Cuchillo Parado, municipio de Coyame; el 17 del
mismo mes lo hizo Francisco Villa, en el municipio de Riva Palacio y, el 19,
Pascual Orozco tomó las armas en San Isidro, municipio de Guerrero. Los dos últimos
personajes fueron los principales jefes revolucionarios en el estado, llegando
Villa a ser jefe de la famosa División del Norte y gobernador interino del
estado.
Primeros establecimientos
educativos:
Por autorización del rey
de España, en 1686 se abre en Parral, con el nombre de Nuestra Señora del
Rosario, el primer establecimiento docente en el territorio que hoy conforma el
estado de Chihuahua. Este colegio pertenecía a la Compañía de Jesús y cerró
en 1718, reabriendo tiempo después. También, los jesuitas abrieron en 1718 el
Colegio de Loreto en la actual ciudad de Chihuahua. En 1790 se funda una escuela
de primeras letras para varones que incluye por primera vez, nociones breves de
aritmética y gramática además de la enseñanza de castellano y doctrina
cristiana ya establecida. En decreto del 8 de julio de 1875, el gobernador del
estado establece la educación gratuita y obligatoria para todos los niños de 7
a 14 años; medida cultural y progresista sólo antecedida por la que emitió el
gobierno de Campeche.
La primera escuela pública
de enseñanza elemental que recibió niñas en el estado, se fundó en 1808 en
la villa de Chihuahua.
Entre 1890 y 1896 se
instalaron en la capital, las primeras escuelas de segunda enseñanza que incluían
a la mujer, y que le facilitaron su incorporación en el desarrollo industrial
del estado. También se abrió la escuela de Artes y Oficios, sólo para
varones, que en 1932 incluyó la de Mecánicos Electricistas.
En 1906 se autorizó la
apertura de la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar, en ciudad Juárez,
que capacitó muchos profesionales agrícolas y cerró en 1993. También en 1906
se abrió la Escuela Normal para Maestros en su modalidad actual, ya que desde
mediados del siglo XIX estuvo funcionando con diferentes sistemas.
El Instituto Tecnológico
de Chihuahua inició clases, en la ciudad de Chihuahua, en septiembre de 1947.
En 1954 abre sus puertas la Universidad de Chihuahua y el 24 de abril de 1962 la
legislatura local autoriza la creación de la Escuela Normal Superior.
____________________________________________________________________________________________________
1/
Francisco R. Almada.- Diccionario Historia, Geografía y Biografía
chihuahuenses, pag. 136.
2/
Arqlgo. Eduardo Contreras Sánchez.- Paquimé.
3/ Luis
Aboites, Breve historia de Chihuahua, pag. 61.
4/ Luis Aboites.- Breve Historia de Chihuahua, pag. 62.
5/ Luis Aboites.- Breve Historia de Chihuahua, pag. 66.
6/ Luis Aboites.- Breve Historia de Chihuahua, pag. 67.
7/ Francisco R. Almada.-
Diccionario de Historia, Geografía y Biografía chihuahuenses. Tiópar, acción
de guerra
8/ Francisco
R. Almada.- Gobernadores del Estado de Chihuahua. Pag. 201.
Datos obtenidos del Gobierno del Estado de Chihuahua.
Para mayor información visitar la página del Estado.